La publicación de la Resolución 1888 de 2025 ha puesto sobre la mesa conceptos como interoperabilidad, intercambio de información y Resumen Digital de Atención (RDA). Sin embargo, gran parte de la conversación en el sector salud se ha centrado en aspectos tecnológicos y regulatorios, dejando de lado una pregunta fundamental:
¿Cómo garantizar que la RDA realmente aporte valor clínico a la atención del paciente?
Porque cumplir con la norma y generar un archivo interoperable no necesariamente significa que la información sea útil para la toma de decisiones médicas.
Y ese puede convertirse en uno de los mayores desafíos para las IPS durante los próximos años.
El riesgo de convertir la RDA en un simple requisito documental
La historia del sector salud está llena de ejemplos donde una herramienta diseñada para mejorar la calidad asistencial termina reducida a un requisito administrativo.
El riesgo existe también con la RDA.
Si las organizaciones enfocan sus esfuerzos únicamente en cumplir la obligación de generar información interoperable, podrían terminar produciendo resultados técnicamente válidos, pero clínicamente insuficientes.
Una RDA debería permitir que un profesional de salud que nunca ha visto al paciente pueda comprender rápidamente aspectos críticos de su estado de salud:
- Diagnósticos relevantes.
- Antecedentes clínicos.
- Medicamentos activos.
- Procedimientos recientes.
- Alergias.
- Hallazgos significativos.
- Eventos que condicionan decisiones asistenciales futuras.
Cuando esta información es incompleta, inconsistente o difícil de interpretar, la interoperabilidad pierde gran parte de su propósito.
La calidad del dato se convierte en un asunto de seguridad del paciente.
Durante años, muchos problemas de calidad de datos permanecieron ocultos porque la información rara vez salía de la institución que la generaba.
La interoperabilidad cambia completamente este escenario.
Ahora los errores pueden viajar.
Un diagnóstico mal codificado.
Una alergia no registrada.
Un medicamento activo sin actualizar.
Un antecedente relevante omitido.
Todos estos problemas tienen el potencial de afectar decisiones clínicas tomadas por otros profesionales en otros escenarios de atención.
Por esta razón, la Resolución 1888 no debería interpretarse únicamente como una iniciativa tecnológica.
También representa un reto de gobierno de datos clínicos.
Las organizaciones que históricamente han trabajado en fortalecer la calidad de sus registros parten con una ventaja importante frente a aquellas donde la historia clínica se ha utilizado únicamente como mecanismo de documentación asistencial.
¿Quién es realmente responsable de la calidad de la RDA?
Existe una tendencia natural a trasladar esta responsabilidad al proveedor tecnológico.
Sin embargo, la construcción de información interoperable es un proceso compartido.
El software puede estructurar, organizar y transmitir información.
Pero la calidad clínica del contenido depende de múltiples actores:
- Médicos.
- Especialistas.
- Personal de enfermería.
- Auditores.
- Coordinadores de calidad.
- Equipos de tecnologías de información.
La interoperabilidad obliga a romper la idea de que la calidad del registro clínico es un asunto individual.
Ahora se convierte en una responsabilidad institucional.
La interoperabilidad exigirá historias clínicas más estructuradas
Muchas IPS todavía operan con historias clínicas altamente dependientes de texto libre.
Aunque este modelo ofrece flexibilidad para el profesional, genera dificultades importantes cuando la información debe intercambiarse entre sistemas.
Por ejemplo:
Dos médicos pueden describir exactamente la misma condición clínica utilizando términos completamente diferentes.
Desde una perspectiva humana esto no representa un problema.
Desde una perspectiva de interoperabilidad sí.
Por esta razón, la evolución hacia registros más estructurados será una tendencia creciente en los próximos años.
No para limitar el criterio médico, sino para facilitar que la información pueda ser interpretada, reutilizada y compartida de manera segura.
La Resolución 1888 puede convertirse en una oportunidad para mejorar procesos clínicos
La interoperabilidad suele verse como un proyecto tecnológico.
Sin embargo, las organizaciones más avanzadas la están abordando como un proyecto de transformación institucional.
La preparación para el intercambio de información clínica permite identificar oportunidades de mejora relacionadas con:
- Calidad del registro asistencial.
- Estandarización de procesos.
- Gestión del riesgo clínico.
- Seguridad del paciente.
- Continuidad de la atención.
- Trazabilidad de la información.
En este contexto, el RDA deja de ser simplemente una obligación regulatoria y se convierte en una herramienta para fortalecer la atención centrada en el paciente.
Las IPS que comiencen hoy tendrán una ventaja mañana
La implementación efectiva de la interoperabilidad no ocurrirá de la noche a la mañana.
Las instituciones que inicien desde ahora la revisión de sus procesos clínicos, la calidad de sus registros y la madurez de sus sistemas de información estarán mejor preparadas para adaptarse a los cambios que vienen.
La pregunta clave ya no es si la IPS podrá generar un RDA.
La pregunta es si ese RDA contendrá información confiable, completa y clínicamente relevante para apoyar la atención del paciente en cualquier lugar del sistema de salud.
Porque al final, el verdadero éxito de la interoperabilidad no se medirá por la cantidad de datos que se intercambien.
Se medirá por la capacidad de esos datos para mejorar decisiones clínicas, reducir riesgos y garantizar una atención más segura y continua para los pacientes.
¿Qué papel juega la tecnología en este desafío?
Aunque la calidad del dato es una responsabilidad institucional, la tecnología es el vehículo que permite estructurar, consolidar y compartir esa información de manera eficiente.
Por eso, las IPS necesitan plataformas que no solo acompañen la operación diaria, sino que también evolucionen al ritmo de las nuevas exigencias regulatorias y asistenciales del sector.
En Isalud entendemos que la interoperabilidad no se limita al intercambio de información entre sistemas. Su verdadero valor está en garantizar que los datos clínicos sean confiables, oportunos y útiles para la toma de decisiones médicas, la continuidad del cuidado y la seguridad del paciente.
Por esta razón, trabajamos continuamente en la evolución de nuestra plataforma para ayudar a las instituciones de salud a gestionar información clínica estructurada, segura y alineada con los nuevos desafíos regulatorios del sector, incluyendo los retos que plantea la Resolución 1888 de 2025.
La interoperabilidad no comienza cuando se comparte la información. Comienza desde el momento en que cada dato está registrado en la historia clínica.
¿Está preparado su IPS para este nuevo escenario?
Si desea evaluar qué tan preparado se encuentra su institución frente a los retos de interoperabilidad, calidad del dato clínico y adaptación a la Resolución 1888, nuestro equipo puede ayudarlo a identificar los aspectos clave que debe revisar desde ahora.
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